Entre los que quieren avanzar casilleros decisivos en el poder peronista sobresale Hugo Moyano. El jefe de la CGT era el principal socio político de Kirchner. A esa sociedad le supo sacar gruesos beneficios y así acrecentó su dominio sindical, estableció una sólida base económica para su aparato y empezó a presionar sobre la estructura política. Pero ese socio ya no está y ahora hay que ver con quién negocia las decisiones.
Hace dos semanas, el masivo acto en River formalizó la ambición de Moyano. Los sentó a Cristina y Néstor como invitados principales, les ofreció el estadio lleno y les planteó su desafío: mejoras a jubilados, ley de reparto de ganacias empresarias, espacios para los sindicalistas en la política.
La corporación política justicialista -gobernadores, intendentes, funcionarios, legisladores- tomó nota enseguida.
Si Moyano va por todo quiere decir que va por ellos . Y ellos sienten que pueden ser el tercer comensal en la mesa donde se discuta el poder peronista.
Moyano sabe que ningún sindicalista puede ser la cara que el peronismo le ofrezca a la sociedad en 2011. Los niveles de descrédito son demasiado altos, incluso superiores al promedio de los políticos. Su plan de avance sobre el poder supone, en esta etapa, achicar la mesa donde se decida quiénes serán cada cosa. Y que después todos le deban algo.
En esa línea, habla de reestructurar el Partido Justicialista y nombrar a Cristina presidente partidario, el mismo cargo que tenía Néstor.
Es una jugada transparente: Cristina maneja los resortes del Estado, sería una candidata natural en 2011 y no tiene estructura política propia. Lo que a ella le falta lo tiene Moyano, y ella tiene lo que Moyano necesita.
El líder de la CGT apunta a recomponer con Cristina la sociedad que tuvo con Néstor . Si fuera por su preferencia, la Presidenta lo pensaría no dos veces, sino tres, antes de aceptar. Pero la política está hecha de necesidades y no se sabe cuáles sobrevendrán.
Si Moyano consigue coronar a Cristina en el PJ el perjudicado directo sería Daniel Scioli, actual vicepresidente primero. Tras la muerte de Kirchner, Scioli puede quedar al frente del peronismo haciendo lo que más sabe: quedarse quieto, pero siempre en el lugar justo y en el momento indicado.
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